domingo, 2 de agosto de 2009

Entre paréntesis


A los gemidos siguieron lágrimas vivas. Llanto desconsolado en movimiento. La sal azotada por las caderas rítmicas y el corazón acelerado y encogido al mismo tiempo.
Soledad y tristeza bajos los escombros de sus propios cuerpos.
Quererte y quererte querer... y en el abismo infranqueable que supone estar en medio, habita ella... lívida, suspendida en los suspiros de las horas muertas. Vacía o llena de nada, que viene a ser lo mismo.
Qué soy para ti, le pregunta bajito, susúrrame el deseo al oído.
Sólo poesía, muslos,
Y luz.

2 comentarios:

Carla dijo...

Me he acordado mucho de ti,preguntándome cómo estarías...




helen-rossi

Betuel Mercado dijo...

a veces son tan inpuntuales las palabras...
saludos