miércoles, 20 de agosto de 2008

Juicios rápidos

Tienes que dejar de esperar.
A esa frase siguió un silencio incómodo que duró tres años. No volvió a verla después de ese día. Después de que ella, en veinticinco segundos, destripara lo más terrible de su existencia, después de que, haciéndole la autopsia en vida, decretara sin el menor indicio de empatía, o de prudencia, o simplemente de respeto, lo que ella consideraba que era y siempre había sido, su gran problema. El gran error de su vida.

Tienes que dejar de esperar.
Se había atrevido a decirle.
¿Quién te has creído que eres? ¿Quién eres tú, qué sabes...? Le hubiera encantado responder. Pero de sus labios no salió sonido alguno, el de la puerta al cerrarse fue lo último que oyeron. Eso, y un inmenso vacío, denso, pesado, opaco, al resquebrajarse.

Todavía hoy pensaba en ello, daba forma en su cabeza a la respuesta perfecta, volvía sobre sus pasos y se envalentonaba imaginándosela decir. Pero no es fácil saber qué contestar. Qué le dices a alguien que se cree con el derecho de juzgarte. No, no era fácil, ni siquiera hoy, tanto tiempo después.

Habían sido inseparables, día tras día, casi media vida de la de entonces. Tan juntas que ni siquiera lo vieron venir. Sin perspectiva alguna para prevenirlo o tratar de arreglarlo. Y se instaló, allí, entre ellas, una brecha enorme, un abismo de algo que aún hoy no sabría explicar. Y las devoró lentamente a las dos y a lo que tenían juntas, hasta hacerlas simplemente unas extrañas con la seguridad que te da la costumbre compartida de un pasado en común.

Pero eso no le daba derecho a nada. No me conoces, pensaba, no puedes aparecer de repente y hacer, sin titubeos, un diagnóstico así de mi vida. Tan soberbio, tan cruel y tan insultantemente cierto. Las verdades duelen, le habría dicho ella, asomando a sus finos labios una sonrisa de satisfacción.

Por eso cuando la vió en aquella tienda, ese día, no supo que decir, de nuevo. Hasta que con un destello de orgullo en sus ojos, musitó,

Sabes qué? sigo esperando...

6 comentarios:

Aires dijo...

Las relaciones entre las personas siempre son misteriosas y complicadas y basta un simple gesto para romperlas o recomponerlas. Lo que no sabremos nunca cuando se rompen para siempre si acaso hubiera valido la pena. Besotes.

Max Estrella dijo...

Me ha encantado la completa indefinición de los personajes...quizá más cercanos de lo que nos podamos creer...y me ha gustado particularmente el modo en que nos hace asomarnos a vidas ajenas metiendo la cabeza por un hueco o rendija.
besos,see you
pd.Gracias por pasarte por mi blog...y de nada porque leer y comentar buenos blogs y postales es un placer

Raúl dijo...

Buen relato, sí señor.
Para mi gusto, esa frase final podía ser obviada, pues el cuerpo del texto ya te da las pistas suficientes como para intuir cuál podría ser la reacción tras el casual encuentro. Pero un muy buen relato.
Además, he de darte las gracias por tu visita y por tus cariñosas palabras.

helen-rossi dijo...

Me ha gustado mucho. Me llama la atención lo de juicios rápidos, cuando luego por culpa de tal juicio, se desencadena un silencio y una ausencia tan larga. Los malditos juicios,rápidos o lentos, pueden acabar con todo...

muchos besos, de corazón. siempre me gusta lo q leo de ti

Atticus dijo...

Hola, me cuelo en tu blog desde el de Max Estrella. Y leo tu escrito y esos personajes, ¡cuánto tiene de nosotros, eh? Me encanta e final, ese 'sigo esperando' que tanto dice y deja la historia abierta y libre.
Espero leerte pronto.
Abrazos,
Atticus

Kostas Kamaki dijo...

Reconozco ese tipo de brechas: a veces, saltan inesperadamente cuando todo parecía ir "de puta madre", y un@ está todo confiado en un futuro "irremiable".
Para mí fue, dolor durante un tiempo, después, me di cuenta perfectamente de que "eso" no era lo que yo quería en el fondo, así que: "¡¡amig@ mío hay que vivir, que ya va haciendo frío...!!".
Besos calientes.