La luz que entraba por la ventana de la habitación iluminaba su rostro un poco más. Los libros abiertos, los ojos cerrados y una sonrisa que la delataba. Estaba pensando en él, pensaba en él con tanta fuerza que sus pensamientos lo invocaron. Y entonces llegó.
Un correo suyo la retaba impaciente al otro lado de la pantalla del ordenador. Lo abrió, lo leyó y suspiró... suspiró de tal modo que el vuelo de las mariposas de su estómago quedó en suspenso. Suspiró de tal modo que todo, todo, se paró. El tic tac del reloj, el parpadeo de las hojas cuando el viento sopla flojito sobre el lomo de los libros, el bailar de alguna canción sonando en la radio, la dulce intermitencia del aparato de música, el brillo ondulante de las fotografías, el balanceo de las estrellas colgadas en la pared, la respiración de sus flores muertas... todo, todo lo que habitaba el pequeño universo de su habitación se detuvo. El tiempo, se detuvo. Suspiró y en la bocanada de aire que abandonaba su cuerpo se perdieron, como las palabras se deshacen en un verso de Neruda todos los colores, los olores, los ritmos y los sabores de los recuerdos.
miércoles, 11 de junio de 2008
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1 comentarios:
Ese momento eléctrico y atemporal.UN beso
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