Mirándonos a los ojos en aquellos sofás forrados de tela roja el tiempo pareció detenerse, sólo mi lengua y la tuya entrelazándose y bailando bajo la tenue luz de la lamparita. Sólo mis manos y las tuyas... y esa voz , ese ritmo de jazz y esa oscuridad brillante que nos envolvía.
Se escurrieron las dudas por las tuberías del olvido. Y sólo quedó luz, la nuestra, iluminándolo todo. Y después, tu cabeza en mi pecho, mis dedos en tu pelo y mi cuerpo recostado sobre el calor del tuyo. Un silencio profundo e ingrávido que hablaba por los dos. Felicidad? quizá.
Ahora que no estás las horas discurren lentas. Echarte de menos se ha vuelto adictivo, como un viejo hábito del que no quiero escapar. Porque todo lleva tu sonrisa impresa, porque todo me recuerda a ti y los segundos de Vida que me regalas. Porque cuento los días que faltan hasta ése en que te pueda volver a abrazar.
Cómo necesito volver a escucharte...
y qué miedo me da quererte tanto.
martes, 10 de junio de 2008
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