Y de alguna forma extraña nos entremezclamos, nuestros extremos se tocan sin palparse y se sienten, como se sienten las caricias o los abrazos, quedando unidos atemporalmente por un vínculo invisible. Y no se entiende ni se explica, pero ocurre aunque me empeñe en relativizarlo. Que el corazón aprieta y late fuerte cuando te siento triste, que todo me sabe amargo en la boca, como la sabe la impotencia que siento y la desazón. Porque tus lágrimas resbalan también por mis mejillas cuando lloras.
Porque me importas.
Porque en un mundo extremo de sensibilidades extremas, de equilibrio amenazado y dudoso, tan crudo, tan sincero, tan auténtico, tan especial, tan real, estás tú.
miércoles, 11 de junio de 2008
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada